Portafolio | Una canción para la paz

Este jueves se conocerán los ganadores del concurso que organizó el Iica, entidad del sistema interamericano que promueve el desarrollo rural, para seleccionar al mejor artista localizado entre la población rural que interprete una canción relacionada con la paz, que el país tanto anhela.

Qué oportuna iniciativa para esta coyuntura en la que los colombianos nos encontramos a la expectativa sobre un proceso de paz que pareciera llegar a la meta, ad portas de un plebiscito que permitirá refrendar lo discutido en La Habana y a pocos meses de lo que será el inicio del posconflicto. El panorama resulta esperanzador, si se tiene en cuenta que la paz es el fin común de las instituciones, las empresas y los ciudadanos. A nivel internacional, Colombia está dando muestras de un escenario positivo, con noticias que han dejado en un segundo plano a la guerra, y con grandes conquistas diplomáticas.

Sin embargo, hay que recordar que no todos los sectores están dispuestos a sacrificar y a ceder un poco de sus espacios para cumplir con la negociación en La Habana. No será fácil convencer a la clase empresarial para que les permita emplearse a muchos de los desmovilizados (pese a que ya hay compañías que han hecho la tarea), ni mucho menos a los ciudadanos argumentarles que estos señores pueden ocupar algunas mínimas curules en el Congreso (porque es mejor allí que en el monte haciendo daños).

Resulta aún más difícil sustentar las necesidades económicas que representan el cumplimiento de las promesas hechas en La Habana (porque eso se traduce en mayores impuestos y cooperación internacional). Y todo esto nos lleva al plebiscito que será el punto de inicio o final de todos estos diálogos entre el Gobierno y las Farc. La decisión es muy fácil, ¿usted qué prefiere la paz o la guerra?

Sin duda, el campo es el mayor protagonista del futuro inmediato de Colombia. Por eso, todo lo que está sucediendo resulta esperanzador. Una desafiante reforma al sector, nuevas entidades y un gobierno que ha puesto en la lista de sus prioridades la transformación del área rural en un escenario de oportunidades. En este propósito, entidades como el Iica (que debería trabajar de manera articulada con el Ministerio de Agricultura) resultan un instrumento de paz para el campo, en la medida en que promueven concursos como el que culmina el jueves. Es allí, entre la población rural, donde están los verdaderos artistas, los que pueden cantar a favor del posconflicto y pueden enviar un mensaje ejemplarizante de reconciliación.

Cuando el reto es concientizar sobre el futuro cambiante que representa la paz, las instituciones cumplen un papel fundamental, en la medida en que educan, culturizan y contribuyen al ambiente de optimismo. Todos los esfuerzos suman en este propósito, que tiene grandes respaldos, pero desafiantes opositores. Hay que reconocer la valentía de este gobierno para resarcir el daño y pedir perdón a las víctimas, como también lo han hecho los delincuentes de las Farc. Todos debemos aportar en ese objetivo común, y las instituciones deben ser bienvenidas en ese sentido, sin ningún criterio diferente que su misión principal.

Juan Manuel Ramírez Montero
Tomado de Diario Portafolio – 14/11/2015